jueves, 3 de julio de 2008

Todos contra todos

El hombre vive en sociedad, para salir de este estado de guerra. En este estado de guerra de todos contra todos, encontramos la dicotomía que postuló Thomas Hobbes, entre estado de naturaleza y sociedad civil. El significado de esta dicotomía es que previo a la existencia de la sociedad, los hombres vivieron en un estado pre-político y pre-social, denominado estado de naturaleza, en el cual vivían aislados, en condiciones de absoluta libertad e igualdad.

Debido a un acto voluntario y deliberado de los individuos, éstos decidieron salir de ese estado de naturaleza y fundar la sociedad civil, que, es un producto artificial de los hombres. Toda conducta humana está gobernada por el instinto de conservación, la continuación de la existencia de la persona. Y fiel reflejo de esto es la sociedad contemporánea, donde cada cual busca los medios necesarios para su propia subsistencia sin importar quien tiene a su lado.

La diferencia con lo postulado por Hobbes, es que el hombre, hoy, no busca vivir en sociedad para conservar su vida, sino sus bienes. Es decir, que busca tratar de retener aquello que tiene sin que nadie se lo quite. Desafortunadamente muchas personas quedaron en el intento, a quienes les quitaron cosas materiales y otras, algunas más importantes, como la vida. Innumerables familias sienten hoy el dolor de aquellas personas que se fueron, o mejor dicho, que se llevaron, mientras tantas otras gozan de aquello que quitaron.

Esto es solo una reflexión y una muestra, que nadie hace algo para cambiar, y que las autoridades se encargan de sus campañas políticas en vistas a las próximas elecciones pero no se preocupa por la inseguridad que abunda en nuestro país, ni por la crisis energética que a esta compete, entre tantos otros problemas en los que nos vemos inmersos. Por lo tanto, cuando uno sale tiene que estar atento a que aquellos que siguen en el estado de guerra de todos contra todos, no nos quiten lo nuestro, porque nadie nos lo restituirá ciertos derechos, como el más importante, el derecho a la vida.

El bien general y la voluntad pública son ilusiones de la imaginación; sólo existen individuos que desean vivir y gozar de lo que tienen. De no existir un poder absoluto superior a quien presten obediencia los hombres y que pueda imponer esa obediencia, sólo hay seres humanos individuales, movidos cada uno de ellos por sus intereses privados. Por últimos, la proyección de este individualismo nos llevan a justificar la guerra y el egoísmo, los gobiernos no pueden comportarse sino como lo hacen los hombres individualmente en la situación de guerra de todos contra todos.

Alejandro H. Marsano

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